Por Ramiro Villapadierna - Agencia DPA

La capital de Bosnia-Herzegovina, Sarajevo, se prepara para conmemorar el vigésimo aniversario de la tragedia que acaeció cuando, en la primera semana de abril de 1992, el país se precipitó en la guerra. Hoy, un concierto titulado "La línea roja de Sarajevo" sonará en la avenida Tito, la entonces tristemente célebre Avenida de los Francotiradores, ante 11.541 sillas vacías, una por cada una de los vecinos muertos bajo las balas y proyectiles serbios, pero también de hambre y enfermedades.

Aquel día de 1992, una manifestación pacífica fue atacada por francotiradores del Ejército Popular, que dejaron 11 asesinados en las calles. Fue frío y decisivo: la guerra en la ex Yugoslavia había comenzado y en pocos días los militares se pusieron al servicio de los diputados nacionalistas serbios para dominar el máximo territorio de la pequeña república central. Según el cineasta Predrag Delibasic, "se destapó el frasco del genio y odios ancestrales ocuparon el vacío dejado por el comunismo".

Ahora un coro interpretará canciones compuestas durante el sitio de tres años y medio a la ciudad. "Conmemoraremos que no pueden asistir, que no están ya entre nosotros simplemente porque eran sarajevitas", explica Haris Pasovic, organizador del acto, que realizará sobre una superficie de 800 metros hasta la mezquita de Ali Pasha. También el alcalde, Alija Behmen, declara la "obligación de recordar a nuestros conciudadanos a fin de evitar que estas atrocidades puedan volver a repetirse".

Los corresponsales de guerra que contaron al mundo la tragedia también han decidido reunirse, 20 años después, en el tiroteado hotel Holiday Inn, donde hay una serie de actos, exposiciones y seminarios. Rémy Ourdan, del diario francés Le Monde, espera a un centenar de periodistas veteranos.

La prensa local hace su repaso especial y el diario Dani se pregunta: "´¿el asedio hizo mejores a los conciudadanos, los peligros cotidianos les han dado un coraje nuevo, una bondad incontestable y una ansia de elevarse sobre las bajezas humanas?". En su introspección, Vedrana Seksan afirma que más que vencer a la muerte se trató de superar "en cada uno los impulsos bestiales que habían desatado la guerra". Movidos por la tragedia y la pasividad europea, artistas y escritores, de Susan Sontag a Bernard-Henri Lévy, Vanessa Redgrave o Juan Goytisolo, llegaron a Sarajevo entonces para mostrar su solidaridad. Sting les dedicó una canción a los vecinos cercados y U2 fue el primero en ofrecer un concierto en cuanto acabó el sitio.

Muchos confirman que una mezcla de ingenuidad máxima, raro orgullo y altas miras dieron lugar a un llamado "espíritu de Sarajevo", donde los bombardeos, el frío y el hambre se sobrellevaba con un estilo único.

"Ya no es la ciudad mezclada de antes de la guerra", lamenta el ex general Jovan Divjak, el único serbio que fue leal y se negó al complot organizado en Belgrado. "Sarajevo era un lugar alegre, pero ya no lo es", admite Amina Delic, profesora de música de 46 años; tal vez por eso le sobrevino inadvertidamente la tragedia. Hoy hay cansancio y tristeza, con quejas por la viciada política, el enriquecimiento de los partidos y sus dirigentes, los precios inmobiliarios disparados, el fracaso de la Unión Europea y su desinterés en el futuro de este país.